Ruta rural

En Cantalojas, Guadalajara, se alcanzan, en invierno, los 20 grados bajo cero. El lugar más frío de España es un precioso pueblo, al lado de un hayedo casi mágico. A media hora, Campisábalos es el tercer pueblo del mundo con el aire más limpio según mediciones de la ONU. Una ruta por dos pueblos inigualables.

Proponemos una ruta de récord en nuestro Ford, desde el pueblo más limpio de España al más frío en tan solo 20 minutos. Campisábalos es el tercer pueblo con el aire más puro de Europa; Cantalojas, el que alcanza las temperaturas más bajas de nuestro país. Apenas los separan unos pocos kilómetros repletos de curiosidades que convierten esta ruta en una escapada rural sorprendente.

La belleza gélida de Cantalojas

Remigia atiende en un pequeño ultramarinos, cercano a la plaza. Cuenta que en invierno, ella y el poco más de un centenar de habitantes que residen en Cantalojas, hacen “una vida normal”. Una afirmación peculiar si tenemos en cuenta que nos encontramos en el pueblo más frío de España. Así ha sido calificado por AEMET en los últimos años, en que las temperaturas han alcanzado los -20 grados, más acordes con poblaciones escandinavas.

Vïa Lactea fotografiada desde Cantalojas / ©iStock, ©Alberto Molinero

Vïa Lactea fotografiada desde Cantalojas / ©iStock, ©Alberto Molinero

Pero Cantalojas está unos cuantos miles de kilómetros más al sur de Europa, en la comarca de la provincia de Guadalajara limítrofe con Segovia. El pueblo caracense es un pequeño tesoro al margen del turismo masivo, a dos horas de Madrid, al que se llega por tortuosas carreteras estrechas. Y no solo por la belleza de sus calles, cubiertas de un manto empedrado y flanqueadas por casitas de fachadas rocosas, sino, especialmente, por el gran hayedo con el que colinda. No solo es un tremendo espectáculo natural, también es un vergel de setas en otoño, cuando se llena de recolectores. “Por la mañana tardamos un poco en entrar en calor”, sigue Remigia, “pero enseguida cogemos ritmo, y las calles se vuelven a llenar”. El motivo de que el mercurio baje a tales niveles está en el viento pertinaz que llega del noroeste y en lo desprotegido que se encuentra, ya que a su alrededor hay grandes extensiones de llanuras.

En Cantalojas se respira una sensación de calma difícilmente descriptible. Su entorno, coronado por la lejana Sierra de Guadalajara y sus cumbres blancas, y la familiaridad con la que te acogen sus habitantes, cuyas vidas parecen transcurrir a una velocidad mucho menor que la de las estresantes y lejanas metrópolis, invitan a la reflexión, a disfrutar de un buen libro y a desconectar el móvil. El hostal El Hayedo es uno de los mejores sitios para parar. Además de alojarte, puedes probar un amplio surtido de platos típicos de la zona, como la sopa castellana, las alcachofas con jamón y, cómo no, croquetas con boletus recogidos, a pocos metros de allí, por los propios dueños.

Respira el aire más puro de toda la Península Ibérica 

La siguiente parada de esta ruta de récords está a unos 20 minutos de allí, por la carretera general CM 1006: cuando llegues a la plaza Campisábalos bájate de tu Ford, cierra los ojos… E inspira lo más profundamente que puedas. Estarás llenando tus pulmones con el aire más puro de tu vida. A menos se haya dado la improbable circunstancia de que hayas visitado antes Muonio (Finlandia) o Ceresole Reale (Italia). Y es que Campisábalos es, según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el tercer pueblo de Europa con al aire más limpio, y entra en la lista de los diez primeros a nivel mundial.

Noche en el municipio de Cantalojas / ©Cantalojas, ©Alberto Molinero

Noche en el municipio de Cantalojas / ©Cantalojas, ©Alberto Molinero

Aquí la vida transcurre aún más lenta que en Cantalojas. Ni siquiera en las épocas más cálidas es fácil ver a alguien por sus calles, y el único sonido provocado por el ser humano que llegará a tus oídos será el lejano rumor de un tractor. La razón de la pureza de su aire está en que se encuentra también rodeado de llanura, como Cantalojas, y el viento del noroeste recorre muchos kilómetros hasta llegar aquí, sin toparse con ningún núcleo urbano contaminado. Su reducido número de habitantes, y la nula actividad industrial, así como la escasez de vehículos, hacen el resto.

Según declaraba a la prensa hace un par de años el alcalde de esta población, Pedro José María de Pablo, la calificación del informe de la OMS podría ser un acicate turístico para la zona. Nosotros, con total sinceridad, esperamos que no sea así. Tanto Cantalojas como Campisábalos son tan especiales, precisamente, porque parecen detenidos en el tiempo y el espacio. Ojalá nunca les inunde el frenetismo del resto del mundo.

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