Estilo de vida

Varios emprendedores proponen propuestas creativas para la supervivencia de la gran pantalla: el cine parece escapar del centro de las ciudades hasta las grandes pantallas de los centros comerciales. Descubrimos este nuevo concepto en Portugal con el Festival Leffest, o al estilo ‘cineclub’ en Madrid en lugares como la Sala Equis, El Paracaidista o el reformado Cine Doré.

Las cifras no son muy halagüeñas: en 1995, España contaba con 7.902 salas de cine; a día de hoy, quedan menos de la mitad, según datos del Instituto de Cinematografía y de las Artes Audiovisuales (ICAA). Con el cierre reciente en Madrid de los cines Victoria, Palafox y Acteón, queda claro que las salas del centro de las ciudades son las que se llevan la peor parte, y que solo sobreviven las de los centros comerciales que, por lo general, solo proyectan películas comerciales.

Pero todo verso tiene su reverso, y esta situación está teniendo un efecto positivo: muchos jóvenes emprendedores se están estrujando las meninges para reinventar el concepto: el plan de ir al cine ya no es tan solo comprar palomitas y ver películas, sino que lo intentar llevar más allá, para que la experiencia sea mucho más rica y, por tanto, merezca pagar la entrada en lugar de quedarse en el sofá del salón frente a la pantalla de televisión. A bordo de nuestro Ford nos ponemos rumbo hacia los nuevos modos de disfrutar del séptimo arte.

Más allá de la simple proyección

Esto es lo que pensaron los fundadores de Sala Equis, en el centro de Madrid (calle del Duque de Alba, 4). Anteriormente era un sala de cine erótico, de ahí su nombre, y cuando la cerraron, los socios de otro local, El Imparcial (Nacho y Cristina Rodríguez, Marie Jennings, Laura Suárez, y Daniel Fernández) decidieron adquirir ese espacio y darle otros usos además de la proyección de películas. “Es, ante todo, una sala de cine, en la que generamos todo tipo contenidos audiovisuales, que muchas veces van más allá de la simple proyección de una película”, explican sus responsables. Por ejemplo, uno de los dos espacios, la Sala Plaza, que alberga hasta 295 se ha planteado como “un espacio hedonista, donde también entra la gastronomía, y tiene una pantalla gigante, para el ocio no convencional”. Allí, por ejemplo, presentan sus obras muchos creadores de videoarte. Tiene una carta y una barra, donde puedes se pueden pedir platos informales con un toque vanguardista. Y también miman el oído: semanalmente, organizan allí conciertos acústicos.

Su otra sala está destinada a la proyección de películas en un sentido más canónico, pero lo que le diferencia es la selección: “Desde cine independiente y de autor, hasta mitos clásicos, y filmes nostálgicos como Regreso al futuro. Pero siempre con criterio. Nunca verás aquí una película de superhéroes de Hollywood, o Transformers”, explican sus fundadores. Muchas veces adaptan el cartel a la realidad de la ciudad: “Hay ciclos temáticos. Por ejemplo, la Semana de la Arquitectura en Madrid se la dedicaremos a la obra de Norman Foster. Y en la Fashion Week, proyectaremos películas sobre moda”, cuentan quienes regentan Sala Equis.

Un cine sin paredes

El programador de las películas de este espacio es Jesús Mateos, que también tiene otro proyecto personal: Sunset Cinema es “un cine sin paredes”, como a él mismo le gusta definir, si bien esto hay que matizarlo un poco desde hace unos meses. Con su empresa, Mateos organizaba ciclos de cine en diferentes espacios. El último ha sido el cine de verano improvisado en la espectacular Galería de Cristal del Ayuntamiento. Y, las navidades pasadas, ocupó el Palacio de las Alhajas, del centro de Madrid. En los eventos de Sunset Cinema se suele combinar la gastronomía con la cinefilia, talleres y conferencias. La empresa acaba de ser adquirida por MK2, la distribuidora de cine independiente más importante de Francia. Acaba de adquirir varias salas de cine en el sur de España, y a partir de ahora, muchos de los ciclos de Sunset Cinema se realizarán en ellas. Por eso, a lo de cine sin paredes, habría que añadir “en algunos casos”. Mateos aclara que “sea como fuere, somos una compañía de cinéfilos nómadas. No nos limitamos a un solo local”.

Películas que se disfrutan con los cinco sentidos

En nuestro país hay otros emprendedores que abren salas para ofrecer ese ‘algo’ que las haga diferentes. Por ejemplo El Paracaidista, en pleno barrio madrileño de Malasaña, es un edificio con varios pisos polivalentes que cuenta con una sala. Suelen proyectar cine independiente o películas que nunca llegaron a distribuirse. En el pasado llegaron a combinar la gastronomía con los sentidos (el espectador comía, en cada escena, un plato que tuviera que ver con lo que estaba viendo) y hoy ofrecen sesiones con copa, para los noctámbulos que prefieren pasar la noche en un cine antes que en una discoteca. En Zumzeig, en la calle Carrer de Béjar en Barcelona, hacen algo parecido pero antes o después de la película: ofrecen un aperitivo de gastronomía catalana y francesa. Sus responsables defienden que su programación de películas “destaca por su rareza, piezas que no se encuentran fácilmente”. El cine Texas, también en la Ciudad Condal, parte de un concepto novedoso: proyectan películas de estreno reciente que ya han desaparecido del cartel para aquellos que no llegaron a tiempo. También organizan pequeños festivales cinematográficos en sus cuatro salas.

Las múltiples caras artísticas del cine

Y hablando de festivales: el Leffest de Portugal se celebra Lisboa y Sintra, y se caracteriza por la selección de sus películas, con un enfoque muy cinéfilo, que aprovecha el certamen para “celebrar y enaltecer la relación entre cine y otras disciplinas artísticas, como literatura, música y artes plásticas, con el objetivo de reafirmarse como lugar de diálogo de los temas que marcan el mundo actual”, explican sus organizadores, que añaden: “Queremos ser un escenario de reflexión sobre la relación entre la industria cinematográfica y otras formas de creación artística. Busca crear un lugar donde el público, a través de reuniones, discusiones y clases magistrales, se sienta estimulado para reflexionar e intercambiar ideas”. Ya va por su 12ª edición, y en otras anteriores han contado con cineastas de la talla de David Lynch, Aleksandr Sokurov, Pedro Almodóvar, Willem Dafoe, Juliette Binoche, John Malkovich y Paul Giamatti, entre otros muchos, y los juntan en su lista de invitados con otros artistas de otras disciplina, como el músico David Byrne o el premio Nobel de Literatura, J.M. Coetzee.

De sus muchas secciones, la más valorada es Masterclasses and Debates. Como su nombre indica, a la proyección de las películas se añaden después talleres, conferencias y debates que parten de la temática del filme, pero siguen por derroteros que no tienen pro qué ver necesariamente con el cine. “Buscamos que el festival tenga un elemento diferenciador, y ya hemos logrado ser uno de los más importantes de Europa”, dicen sus responsables.

Una vez más, y como en los ejemplos anteriores, la supervivencia del cine pasa por ser creativo y explorar nuevas posibilidades. En el caso de las salas, iniciativas y festivales aquí mostrados, parece el cine en una gran pantalla aún tiene mucho futuro.

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