Viaje a Sefarad, el tesoro más desconocido de Castilla

Ruta

Toledo, Segovia y Ávila tienen en común no solo ser Lugares Patrimonio de la Humanidad; también, formar parte de la Red de Juderías de España. Estos barrios de calles angostas nos transportan en el tiempo y son una excusa para descubrir, con la ayuda del urbano Ford Ka+, sabores, monumentos e historias sefardíes.

Aunque parezca difícil, hay todavía un montón de propuestas y razones casi desconocidas para girar la llave de contacto de nuestro Ford y devorar kilómetros por nuestras carreteras con la mayor comodidad: una de esas propuestas es la que nos empuja a la carretera para hacer una ruta que conecta Toledo, Segovia y Ávila en busca del legado de los judíos españoles de la Edad Media, todo un viaje en el tiempo por las monumentales juderías de estas tres ciudades, repletas de patrimonio, cultura, historia y, también, de una exquisita gastronomía sefardí que se ha mantenido viva todos estos siglos. ¡Comenzamos!

La Ciudad de las Tres Culturas

Es difícil determinar cuándo llegaron los primeros judíos a la Península -se cree que en los primeros siglos del Imperio Romano, tras las guerras de Judea- pero de lo que no hay duda es que su cultura y tradiciones, que sobrevivieron entre nosotros aún después de su expulsión de España a finales del siglo XV por orden de los Reyes Católicos, es parte imprescindible e indisoluble de la nuestra. Tal vez el mejor ejemplo del esplendor de la cultura judía en España nos aguarde en Toledo, la Ciudad de las Tres Culturas y, durante siglos, una de las ciudades más cosmopolitas del mundo conocido. Hoy, conducimos nuestro Ford Ka+ y atravesamos las murallas de la ciudad rodeando la imponente Puerta de la Bisagra, de origen árabe y remodelada bajo el reinado de Carlos I, y que es la principal puerta de acceso al casco histórico de Toledo y, por ende, de su Judería. Mezquitas, iglesias y sinagogas convivieron en armonía durante siglos y, hoy, marcan el ritmo vital de la ciudad, mecida por los paraguas de los guías turísticos y la infinidad de viajeros que caminan, como nosotros, por unas calles que apenas han variado de aspecto en todos estos siglos.

Judería de Toledo ©foto red de juderías

Judería de Toledo ©foto red de juderías

Es el caso de la plaza de Zocodover y, sobre todo, del dédalo de calles y callejuelas de la Judería de Toledo: un laberinto en el sudoeste de la ciudad que se extendería, en su época de mayor apogeo, entre el actual barrio de Santo Tomé -donde se abrirían dos portillos para acceder a la Judería Mayor- hasta la Puerta del Cambrón. En este laberinto urbano de aires medievales destacan el Museo y Casa del Greco -que está en lo que fue el Palacio de Samuel Leví, gran rabino de la aljama de Segovia y tesorero del rey Pedro I de Castilla-, la maravillosa Sinagoga del Tránsito -tal vez, la mayor y mejor muestra arquitectónica sefardí de Europa, construida a mediados del siglo XIV también por Leví-, los restos de la Sinagoga de Sófer y, sobre todo, la Sinagoga de Santa María la Blanca, la obra maestra de la arquitectura sefardí en España: un delicioso bosque de arcos, decorada con elementos almohades y remodelada en el siglo XVI por Alonso de Covarrubias.

Semejante colección de estímulos merecen que aparquemos ante la puerta del restaurante Dehesa de Majazul (Avenida Reyes Católicos, 7), a un paso de la Sinagoga de Santa María la Blanca, en cuya carta hay especialidades sefardíes y con una tienda enfrente donde podremos llenar el maletero de nuestro Ford Ka+ de vinos y quesos kosher (entre otras delicatessen de la despensa toledana: conservas de caza, dulces, chacinas…) y poner rumbo hacia la segunda etapa de nuestro viaje: Segovia.

La Judería de Segovia

En Segovia, la Judería luce como en pocos lugares de España. Pasear por sus calles adoquinadas, a las que se asoman estrechas casas de fachadas entramadas, es hacerlo por una de las mejor conservadas de Europa y, también, de las más bellas: en los últimos años se han restaurado cerca de 300 edificios y el resultado es, simplemente, espectacular. La Judería de Segovia reposa bajo la sombra de la Catedral, y lo hace casi de un modo literal: la Catedral era la propietaria de casi todas las viviendas de la Judería y, cuando se decidió construir un nuevo templo que sustituyera al anterior, se demolieron muchas de ellas para, sobre sus solares, levantar esta obra maestra del gótico castellano.

Cementerio judío, judería de Segovia ©foto red de juderías

Cementerio judío, judería de Segovia ©foto red de juderías

El primero de los barrios judíos que hubo en Segovia comprendía desde la calle la calle Almuraza hasta la puerta de San Andrés; y pocos años antes de su expulsión, se les obligó a vivir en una zona que se extendía por la parte sur de la muralla, desde la primera Sinagoga Mayor hasta la Iglesia de San Andrés y la puerta del mismo nombre, así que nuestra ruta por la Judería de Segovia comienza ante el portón que da acceso a la iglesia de las Clarisas del convento del Corpus Christi, que fue en aquellos tiempos la Sinagoga Mayor, para continuar en la Casa Palacio de Abraham Seneor, un alto cargo de los Reyes Católicos que construyó la recia e inmensa casona y donde en una de sus tres partes está el Centro Didáctico de la Judería, un pequeño museo con una interesantísima colección de arte y objetos religiosos y cotidianos sefardíes. Apenas unos metros más adelante se encuentra La Casa Mudéjar, un hotel-spa cuyo restaurante y taberna, El Fogón Sefardí, nos espera con una de las mejores cartas de platos sefardíes de toda España (además de lo que te imaginas al tratarse de Segovia: ¡excelentes cochinillos!).

Una vez hemos repuesto fuerzas, paseamos sin prisa por estas calles hasta atravesar la Puerta de San Andrés y encaminarnos, extramuros, hasta El Pinarillo, en la ladera izquierda del río Clamores, frente al lienzo de muralla que hay entre la Casa del Sol –que fue el matadero de la judería y hoy, Museo de Segovia- y el Postigo de la Luna. Para llegar a este pinar, cruzamos a pie el puente de la Estrella y subimos la ladera, donde está la antigua necrópolis judía de Segovia -con varias decenas de sepulcros excavados- y desde donde se tienen las mejores panorámicas de la ciudad.

La Jerusalén del Oeste

Por la muralla, por la catedral, por Santa Teresa y San Juan de la Cruz, por sus tapas… A Ávila le sobran razones para que nos escapemos a ella en cualquier momento y, de todas ellas, hacerlo para disfrutar de su sabor sefardí es, totalmente, un modo diferente de hacerlo. La zona de la calle de Esteban Domingo y la zona del Mercado Chico es el epicentro de lo que fue la Judería de Ávila, cuyos límites eran el Juradero, en San Vicente, el Mercado Grande y el Mercado Chico hasta que, a finales del siglo XV, los judíos de Ávila fueron trasladados al actual Barrio de Santo Domingo.

Jardines Moshe León, Ávila ©foto red de juderías

Jardín de Moshé de León, Ávila ©foto red de juderías

Aún habiendo sufrido muchos cambios urbanos y arquitectónicos desde aquellos lejanos años, nuestra ruta por la Judería de Ávila tiene varias escalas que no nos podemos perder, salpicadas por el callejero medieval de una de las ciudades más monumentales de España, y ocultas tras construcciones posteriores que, sin embargo, no han restado un ápice de su carga emocional. Es el caso de la antigua sinagoga de Don Samuel, que hoy es una vivienda particular de la calle Pocillo; la sinagoga de Belforad, sobre la que se construyó la actual capilla de Nuestra Señora de las Nieves y, en el callejón, por donde se entraba a la Casa del Rabino adjunta a la sinagoga, está hoy en ese mismo lugar la Hospedería de la Sinagoga; la puerta de la Malaventura, por donde atravesaron la muralla de Ávila y salieron de la ciudad los judíos al ser expulsados, y donde hoy se encuentra el jardín de Moshé de León, el autor del Libro del Esplendor, una de las principales obras literarias de la mística hebrea; y las antiguas Sinagoga del Lomo -que hoy es la iglesia de Todos los Santos- y la capilla de Mosén Rubí, que, aún hoy, siguen llamando la atención de investigadores, que siguen trabajando para dilucidar cuál de las dos fue la Sinagoga Mayor de la ciudad… Un misterio del que tal vez nunca tengamos respuesta pero que, contemplando las Tenerías del Arrabal de San Segundo, donde los sefardíes curtían las pieles y, tras ellas, el bello campo abulense, nos deja con ganas de seguir conduciendo nuestro Ford Ka+ por España en busca del legado sefardí. ¡Buen viaje!

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