5 razones por las que Ford GT es el bólido más esperado

Ford Performance

La noticia ha corrido como la pólvora: el Ford GT, limitado inicialmente a 500 unidades, aumenta su producción dos años más. ¿Cuáles son las características que nos hacen desear este sueño sobre ruedas? ¿Por qué GT es el coche que más pasiones desata? Entra y descubre sus emocionantes cinco claves de seducción.

Durante las pasadas 24 Horas de Le Mans, la expectación era total: muchos espectadores bajaban de las gradas para presenciar y ver de cerca un coche en concreto. Cada vez que pasaba uno era un acontecimiento. ¿Qué era aquello que generaba tanto revuelo? Nos acercábamos, curiosos. Estábamos rodeados de los bólidos más espectaculares del planeta, no entendíamos qué podía sorprendernos aún más. Tras sobrepasar a los muchos fans, logramos ponernos en primera fila. Tuvimos que inclinar la cabeza hacia abajo para descubrirlo. Allí estaba: rasante, ancho, poderoso, con una figura irresistible y el borboteo amenazante de sus seis cilindros en V. Entonces lo entendimos. El Ford GT, ese superdeportivo que llevaba más de un año haciéndonos suspirar en fotos, por fin rodaba en la competición más legendaria.

Por si alguien dudaba: sí, es real. E impresiona aún más que en las fotos. Además de un ejercicio de estilo, en su estreno en esta competición se reveló como un misil imbatible: al final de la jornada, el Ford GT ganó las 24 Horas de Le Mans en la categoría LM GTE Pro, la más alta de los vehículos GT. Estas sensaciones no son algo personal. La revista Autopista lo ha incluido entre los deportivos más deseados de 2016 y hay más de 6.500 pedidos para las 500 unidades que se iban a fabricar inicialmente. Sí, hemos dicho ‘inicialmente’. El éxito ha sido tan abrumador que Ford ha decidido duplicar la producción dos años más. La pregunta es inevitable: ¿Qué tiene el Ford GT para cautivar así a todo el mundo? Desentrañamos el misterio en cinco pasos.

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1. El proyecto

Empecemos diciendo que el diseño del Ford GT ha sido uno de los secretos mejor guardados en la historia de la compañía. Para definir su carrocería -‘esculpir’ sería más acertado- el equipo se juntó en un sótano cerrado bajo llave del Centro de Desarrollo que Ford tiene en Dearborn, Michigan. Lejos de los pasillos del edificio por donde transitaba la gente, aislados del mundo, los diseñadores fueron concibiendo las formas del superdeportivo durante 14 meses, desde los primeros bocetos hasta el resultado final.

La composición del equipo estaba muy estudiada: se juntaron jóvenes diseñadores con ideas rompedoras, y otros veteranos que incluso habían participado en la creación del clásico Ford GT40, un superdeportivo que ya forma parte de la leyenda automovilística.

2. El diseño

El resultado es apabullante: extremadamente bajo y ancho, consigue aun así mantener proporciones armónicas. Con una silueta afilada y un agresivo frontal que mezcla futuro con retazos de nostalgia hacia el GT40, los diseñadores logran que el Ford GT se quede grabado a fuego en la retina desde el primer vistazo. Hay soluciones innovadoras como delgados puentes traseros, que hacen las veces de pilares para unir el techo con las aletas. O la enorme entrada de aire dinámica frontal y los afiladísimos espejos retrovisores. Además de un aspecto impresionante que mezcla futuro y clasicismo, el bólido logra una aerodinámica inaudita para ofrecer la menor resistencia posible al viento.

No olvidemos que por sus genes fluye la competición. Eso también se siente en el interior. El habitáculo de carbono, con los elementos de control del salpicadero orientados hacia el piloto, que va perfectamente ajustado en los baquets deportivos, es sencillo y tecnológico: todo está enfocado a la conducción.

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3. La potencia

Su motor de 3,5 litros EcoBoost V6 doblemente turboalimentado va en posición central para lograr el reparto de pesos más equilibrado y el comportamiento más preciso y ágil. Rinde 600 CV, lo que lo convierte en uno de los deportivos con la mejor relación peso/potencia del mundo. En la construcción del GT abunda el carbono, por eso este bólido es un ultraligero de vuelo rasante. El ADN de carreras también está bajo el capó: el motor, con dos turbocompresores, deriva del que Ford utilizó en la competición 2014 TUDOR United SportsCar Championship Series. Semejante potencia se distribuye por medio de una caja de cambios automática de siete velocidades y doble embrague, que también permite un manejo secuencial por medio de unas levas en el volante.

La increíble eficiencia de esta ingeniería, que logra exprimir la máxima potencia de un bloque compacto y ligero, se comprueba cuando lo comparamos con el propulsor que montaba el anterior Ford GT de 2003: mucho más grande. Hablamos de un V8 con turbo de 5,3 litros de cilindrada que, aun así, rendía 42 CV menos. ¿Magia? No, tecnología punta. Y eso nos lleva al siguiente apartado.

4. La tecnología

Empecemos con un dato: el Ford GT tiene diez millones de líneas de código repartidas en diferentes sistemas. Por decirlo llanamente: su software es el doble de complejo que el de un caza de combate F-35 Lightning II, uno de los más avanzados del mundo. El deportivo está plagado de sensores, hasta 50. Generan 100 gigabytes de datos cada hora, y miden constantemente aspectos como la presión del aire para desplegar el alerón trasero, la presión de los neumáticos, el balanceo de la carrocería en curvas o incluso la respuesta del pedal de acelerador según las condiciones del asfalto.
El chasis y la carrocería están fabricados en fibra de carbono, igual que el habitáculo. Este avanzado material es ligero y aporta una resistencia abismal. Los discos de freno son de una aleación carbocerámica que otorga dos ventajas: los hace más ligeros y más resistentes a elevadas temperaturas.

Como ya hemos dicho, el alerón trasero varía su inclinación y altura automáticamente, de forma que incrementa el agarre en curva y minimiza la resistencia al aire en rectas. Igual que en los Fórmula 1, el volante aglutina muchas funciones del coche. Desde sus botones se controla el programador de velocidad o los intermitentes, y también el avanzado sistema multimedia, entre otras funciones. Se trata de que el conductor no desvíe la mirada de la carretera. Disfrutar de la conducción en estado puro.

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5. La historia

La historia del Ford GT va ligada al mítico GT40 y, por tanto, a la competición. En 1965, Ford lanzó un bólido destinado a terminar con la hegemonía de Ferrari. Demostró su superioridad aplastando a la marca italiana con el crono en la mano: durante cuatro años (de 1966 a 1969) se hizo con la victoria de las 24 Horas de Le Mans, algunas veces acaparando también el segundo y tercer puesto del podio. Al igual que el Ford GT actual, aquel modelo se adelantaba a su tiempo: la carrocería estaba construida en fibra de vidrio e iba unida a un chasis monocasco, con lo que se conseguía un coche sorprendentemente ligero y rígido a la vez. Montaba un motor V8 con 390 CV, unos datos abrumadores para aquella época. La suspensión era independiente en los dos ejes para lograr la mayor agilidad y agarre en curvas y, en circuito, llegaba a alcanzar los 312 km/h.

El actual Ford GT se inspira en aquel mito rodante (en su debut en las 24 Horas de Le Mans completó 340 vueltas subiendo a lo más alto del podio), aunque Ford ya hizo su primer acercamiento en 2003, con un bólido en edición limitada que retomaba, casi invariable, la carrocería del clásico, y le plantaba un motor V8 de 558 CV. Aquello fue un homenaje, una experiencia previa para lo que vendría después: el proyecto Ford GT, con el objetivo de crear el mejor deportivo del mundo. Ese momento es ahora.

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